“Uno de los nuestros”
Premio a Baltasar Garzón
8 de Noviembre de 2010
Presidente, queridos/as amigos/as,


En definitiva, el proceso que abrió el Juez Garzón era la primera respuesta judicial española ante los crímenes de la dictadura del General Franco. Particularmente, los detenidos-desaparecidos por los que el Consejo de Europa llamó “escuadrones de la muerte franquistas”. El Tribunal Supremo no sólo ha quebrantado el derecho internacional que regula las obligaciones de los Estados ante las desapariciones forzadas sino que ha reforzado los mecanismos de impunidad de dichas conductas y ha incumplido el deber de todo tribunal de proteger a las víctimas y proporcionarles la satisfacción adecuada a la gravedad de los delitos que se cometieron contra sus familiares. Por todo ello, tu injusta persecución no puede dejarnos indiferentes. Así lo expresaron los fiscales progresistas:“Lamentamos el dolor que las decisiones judiciales del Tribunal Supremo están infligiendo en quienes sufrieron la represión franquista y sus familiares y que ahora sienten la reapertura de sus heridas con los sorprendentes acontecimientos de este año: la apertura de juicio oral contra el Magistrado que avaló las investigaciones en sede judicial sobre las desapariciones y persecución de sus familiares”.
El proceso penal contra el Juez Garzón expresa la quiebra del principio de la independencia judicial y la criminalización de la libre interpretación de las leyes, con el consiguiente cuestionamiento del sistema democrático que ello representa; muestra, además, un preocupante posicionamiento del Poder Judicial dentro de la “lógica de los Estados” frente a la “lógica de las víctimas”, abriendo una brecha en la confianza de los ciudadanos en los jueces quienes deberían tutelar y amparar sus derechos.
Estamos, pues, ante un hecho doloroso e injustificable. El TS ha abierto el camino para que los herederos del franquismo y defensores de su memoria sienten en el banquillo de los acusados a un juez que se había comprometido en la lucha por los derechos y simbolizaba una conquista democrática frente a la desmemoria y el olvido del reciente pasado franquista. Sobre todo, cuando, como ha dicho recientemente Manuel Vicent, “el que después de treinta años de democracia y de libertad haya decenas de miles de cadáveres en sepulturas innominadas supone la degradación más evidente de una conciencia colectiva”. Y el primer intento serio de investigar judicialmente esa durísima realidad, presente en tantos familiares de esas víctimas, ha representado, hoy por hoy, la persecución del Juez que lo llevó a cabo y su expulsión de la función judicial. Ya veremos cómo concluye este y los demás procesos, pero la sociedad española e internacional tiene una clara percepción, el TS no inspira confianza alguna a la ciudadanía y ha dejado de ser una referencia ética del modo de hacer justicia. En cambio, tu dignidad profesional no solo permanece intacta sino que se ha acrecentado. Por eso, estás hoy aquí entre nosotros. Muchas gracias a ti y a todos vosotros.
Carlos Jiménez Villarejo
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